CALIFICACIÓN: EXCELENTE
NOMBRE DE LA PELÍCULA: Vivir al límite (The Hurt Locker)
AÑO: 2010
NACIONALIDAD: EE.UU.
GÉNERO: Drama
DIRECTORA: Kathryn Bigelow
ACTORES: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty y Guy Pearce
Apocalipsis, por favor
Lo primero que aparece en pantalla es una advertencia: “La guerra es una droga”. Y la película no tarda en desplegar sus piezas desde la primera secuencia: dos soldados norteamericanos en misión en Irak intentan desarmar una bomba, sin garantías de supervivencia y con cientos de variables imposibles de controlar.
James será el encargado de mostrarnos qué implica llevar a cabo su labor. Es un desarmador de bombas ideal: valiente, astuto y eficiente. Y también un adicto a la adrenalina. Difícilmente fracasa en sus misiones, pero también es una bomba de tiempo. Su estadía en Irak está a punto de culminar, lo cual lo enfrenta a un dilema constante: ¿adónde pertenece? ¿en su casa con su mujer y su hijo, o en el campo de batalla, con la amenaza de una muerte inminente?
Por cada bomba desactivada en las diversas situaciones que Bigelow, la realizadora, propone en la historia, la segunda opción a la pregunta anterior se fortalece ¿Acaso el problema de James no se asemeja a una adicción? La directora nos ofrece la suficiente estimulación visual para dejarnos en claro qué elementos le resultan adictivos a su protagonista. Elige la utilización de la cámara en mano, añadiendo a los planos un pulso nervioso que nunca abandona la percepción del espectador. La tensión crece imparable desde el comienzo hasta el final. James es absolutamente impredecible y sus compañeros del ejército, en un paralelismo con nosotros, tienen graves problemas para seguirle el paso. En contraste con James, ellos cuentan los días que restan para volver a su rutina familiar.
La recreación de la guerra de Irak que Bigelow realiza es impecable. Aunque elige una sola de las múltiples tareas que los soldados norteamericanos desempeñan, desde ese pequeño inicio logra abarcar la naturaleza inmensamente trágica de la guerra. Cada plano, cada palabra y cada gesto se encuentran en el lugar en el que deben estar. Todos los artificios al ser orquestados por Bigelow se tornan reales, viscerales. Igualmente impresionante es el hecho que una película tan completa y magistral haya sido realizada con el soporte de una productora independiente. Aunque también es cierto que gracias a este hecho Vivir al límite logra ser demoledoramente honesta, sosteniéndose como una de las pocas obras fílmicas que se animó a enfrentar la realidad iraquí con una crudeza jamás gratuita, y que tuvo la valentía de abordar los efectos que la guerra ejerce sobre lo hombres que la sostienen.
Kathryn Bigelow no juzga, no impone, no censura. Su mirada documenta. Edifica una estructura que posibilita la revelación de una realidad incendiaria y la entrega a sus espectadores con cada una de sus llamas.